Un fotografo, una cámara, un avión y una mirada, por casulidad, a través de la ventanilla fueron suficientes para descubrir un fenómenos desconocido hasta hace escasos años

Prácticamente por casualidad, un impresionante ‘animal’ que lleva estático en la misma zona cientos de miles de años y que nadie hubiera descubierto hasta la fecha? Eso es exactamente lo que le ocurrió al fotógrafo Steve Richards quien en un vuelo desde Cardiff (Gales) hasta Faro (Portugal) descubrió por la ventanilla de su avión una imagen que, hasta la fecha, nadie antes había sido capaz de tomar: de su cámara nació el que ya es conocido como Dragón Azul.

En realidad, se trata de un ser vivo pero no es técnicamente un animal, pues se trata de un río. En el municipio portugués de Castro Marim, en El Algarve, se construyó hace ya algunos años el embalse del río Odeleite, que es un afluente del Guadiana nacido en la Sierra de Caldeirao. Desde el propio embalse, el río fluye entre gargantas y riscos, que lo hacen serpentear por la montaña portuguesa. Pero de lo que nadie se había dado cuenta es que, visto desde el cielo, tenía la forma de un dragón.

as impresionantes curvas que toma a lo largo de su cauce le hacen simular la cola de un dragón, que se ve engrosada en su parte superior por el propio embalse, que haría las veces de fantasioso cuerpo. Lo curioso de este río es que nadie había reparado su forma hasta que Richards, en junio de 2010, tomó una imagen desde el avión. Pero, ¿de dónde viene su increíble color azul? Pues ni más ni menos que del reflejo del propio cielo.

De hecho, si nos fijamos bien en la propia fotografía que hizo Richards, no solo veremos sobre el río el color azul del cielo, sino que veremos diversas manchas de color blanco que se corresponden con las pocas nubes presentes ese día. Unido a los colores verdosos y tierra de la zona escarpada que rodea al río Odeleite, estamos ante uno de los fenómenos naturales más impresionantes de Portugal, que ya ha pasado a ser conocido como el Dragón Azul.